Cuando alguien habla de la valoración básica de las acciones de una empresa, casi siempre aparecen dos términos: top line y bottom line. ¿Por qué importa que ambos crezcan?
Top line son los ingresos de la empresa, es decir, todo lo que facturó en un periodo. Bottom line es la utilidad neta que queda tras los costos operativos, la depreciación, los intereses y los impuestos. La línea de abajo muestra cuánto genera realmente la empresa para sus accionistas.
Las empresas publican ambas cifras cada trimestre, con un balance más amplio una vez al año. Veamos qué significa el crecimiento de cada una y qué hace que ingresos y utilidad se separen.
Dónde están esas dos cifras en el estado
Ninguno de los dos nombres es casual. Vienen de cómo se ve el estado sobre el papel: los ingresos están arriba del todo y la utilidad neta abajo del todo. Entre ambos corre una sucesión de restas, y es esa sucesión la que explica por qué las dos cifras suelen moverse de forma distinta.
| Línea del estado | Qué contiene |
|---|---|
| Ingresos (top line) | todo lo que la empresa vendió en el periodo |
| − Costo de ventas | costos directos de lo vendido |
| = Utilidad bruta | lo que queda para operar la empresa |
| − Gastos operativos | sueldos, marketing, desarrollo, administración |
| = Utilidad operativa (EBIT) | el resultado del negocio en sí |
| − Gastos por intereses | el precio de la deuda |
| − Impuesto a la renta | la parte del Estado |
| = Utilidad neta (bottom line) | lo que queda para los accionistas |
Si recorre esa columna de arriba abajo, verá enseguida dónde le va bien a la empresa y qué la frena. Los ingresos pueden crecer, pero si los costos crecen más rápido, la línea de abajo no se mueve. Y al revés, la utilidad neta puede saltar en una empresa con ingresos estancados solo porque pagó deuda y se ahorró intereses.
Qué mirar en la top line
El crecimiento de la top line se refiere a los ingresos y puede juzgarse trimestre a trimestre o frente al año anterior, es decir, sobre los últimos doce meses, normalmente bajo la sigla TTM, Trailing Twelve Months. Tres cosas cuentan.
1. Mayores volúmenes de venta
Un mayor volumen de servicios, productos y demás puede venir de una expansión rápida, de adquisiciones o de cuota de mercado ganada a la competencia. En algunos sectores, los bienes industriales por ejemplo, el volumen es el motor decisivo.
2. Precios más altos
La segunda vía es subir precios. En sectores sin un crecimiento marcado del volumen, como la construcción o la siderurgia, el precio lleva el papel principal.
3. Comparación con los competidores
Lo tercero es leer ese crecimiento en el contexto de todo el sector. Ingresos que suben un 8 % parecen positivos a primera vista, pero si el sector en conjunto crece un 15 % y las empresas comparables por encima del 12 %, la empresa se está quedando atrás.
Qué mirar en la bottom line
El término bottom line remite al estado de resultados, en concreto a la utilidad neta. Esto es lo que todo inversor debería seguir.
1. Crecimiento de la utilidad frente a los ingresos
Si la utilidad crece directamente por el aumento de las ventas, es una señal positiva: los ingresos mayores se trasladan de inmediato al resultado.
2. Los costos
La otra palanca es un mejor control de costos. Se nota sobre todo cuando la utilidad crece más rápido que los ingresos, lo que puede indicar gastos a la baja.
3. Efectos extraordinarios
Conviene además depurar el resultado de ingresos y gastos extraordinarios y de partidas no recurrentes. Así la rentabilidad refleja mejor la operación habitual y no queda distorsionada por hechos inusuales.
El margen como enlace entre ambas líneas
La relación entre las dos líneas extremas cabe en una sola cifra: el margen. Es lo que muestra cuánto se queda la empresa de cada peso de ingresos.
| Margen | Cómo se calcula | Qué revela |
|---|---|---|
| Bruto | utilidad bruta / ingresos | la fuerza del producto y la fijación de precios |
| Operativo | utilidad operativa / ingresos | la eficiencia de la operación en sí |
| Neto | utilidad neta / ingresos | lo que queda tras deuda e impuestos |
Seguir cómo evoluciona el margen en el tiempo es más útil que mirar su nivel. Una empresa con diez por ciento de margen neto que mejora año tras año suele ser mejor noticia que una con veinte por ciento que se desliza poco a poco.
El margen también deja al descubierto de inmediato el caso descrito arriba: si la utilidad crece más rápido que los ingresos, el margen se ensancha, y si crece más despacio, el margen se adelgaza.
Por qué se separan la utilidad neta y la utilidad por acción
Ante los resultados, el precio reacciona sobre todo a través de la utilidad por acción, el EPS, y no de la utilidad neta en sí. La diferencia está en que el EPS divide la utilidad neta entre el número de acciones, y ese número cambia.
Cuando la empresa recompra acciones propias, su número baja y la utilidad por acción sube aunque la utilidad neta se quede igual. Al revés ocurre al emitir acciones nuevas o al pagar a empleados con títulos: la participación de los accionistas existentes se diluye y el EPS cae más rápido de lo que justificaría el negocio.
Por eso conviene leer las dos cifras una al lado de la otra. El EPS dice cuánto corresponde a su acción, pero solo la utilidad neta muestra si la empresa gana de verdad más.
Utilidad reportada y utilidad ajustada
En los efectos extraordinarios vale la pena detenerse, porque es donde más se equivoca quien lee un estado de resultados.
Junto a la utilidad reportada, las empresas publican también una utilidad ajustada, en inglés adjusted o non-GAAP. De ella se sacan las partidas que la empresa considera ajenas a la operación habitual: costos de reestructuración, deterioro de una empresa adquirida o remuneración en acciones.
La situación ideal para una acción
La bottom line, la utilidad neta, y la top line, los ingresos, pueden crecer juntas, y ese es el escenario ideal para las acciones de una empresa. Significa que la compañía aumenta los ingresos, primer paso hacia la rentabilidad, y a la vez mantiene bajo control los costos y los demás factores operativos, de modo que también suba la utilidad neta.
Esa combinación apunta a un crecimiento sólido y sostenible. Significa desarrollo sin necesidad de un endeudamiento grande y sin diluir a los accionistas, lo que atrae tanto a nuevos inversores como a quienes ya tienen las acciones.
Las empresas pueden llegar ahí por varias vías. Ingresos más altos pueden venir de mejores ventas, de la entrada en nuevos mercados, de la innovación de producto, de adquisiciones o de una mayor cuota de mercado. Una mejor bottom line viene de una gestión de costos más ajustada, de procesos optimizados, de menores pérdidas y de inversiones más rentables.