La alfa y la beta son dos indicadores que se usan para medir el riesgo y el desempeño de una acción frente al mercado. Una parte de ese riesgo es específica de la empresa y se puede reducir con diversificación: si la cartera reúne suficientes emisores, un problema puntual en uno de ellos pesa poco en el resultado final. Lo que queda es el riesgo sistemático, el que nace de los movimientos generales del mercado por factores económicos, políticos y sociales que afectan a todos los activos a la vez. Ese no desaparece por más papeles que se sumen, y el inversionista que lo asume espera una compensación a cambio. Alfa y beta son la manera habitual de ponerle número a cada una de esas dos partes.
El coeficiente beta (β)
La beta, conocida también como medida de volatilidad, describe el carácter propio de cada acción en relación con el mercado. Compara el comportamiento del papel con el del mercado en su conjunto durante el mismo período, de modo que muestra qué tan atada está la acción al vaivén general. La beta ordena a las acciones según estos valores:
- Beta > 1 = (mayor volatilidad) La acción se mueve en la misma dirección que el mercado, pero con oscilaciones más amplias que el propio mercado. Esta categoría implica más riesgo cuando el mercado entero cae.
- 0 < Beta < 1 = (menor volatilidad) La acción sigue la dirección del mercado, pero con oscilaciones más suaves de lo habitual. El movimiento es menos marcado y los cambios de tendencia son menos frecuentes.
- 0 > Beta > -1 = La acción se mueve en dirección contraria al mercado, aunque de forma limitada. Se trata de papeles que permiten operar contra la tendencia con un riesgo moderado, porque su sensibilidad a los movimientos del mercado es acotada.
- Beta < -1 = La acción se mueve en dirección contraria al mercado y con oscilaciones más amplias. Interpretar mal la posición de estos papeles puede salir caro, aunque también pueden dar resultados llamativos a cambio de un riesgo mayor.

El coeficiente alfa (α)
Este coeficiente muestra en qué medida una acción genera rendimiento por cuenta propia, al margen de hacia dónde vaya el mercado. Funciona como indicador del riesgo específico del papel en cuestión. Se expresa en porcentaje anual, semestral, trimestral o mensual, y recoge la diferencia entre el rendimiento efectivo del período y el rendimiento que cabría esperar si el precio se hubiera movido solo según la beta, es decir, solo por el riesgo de mercado. La alfa indica así cómo valora el mercado el desempeño de la acción frente a sus riesgos propios.
El tamaño y el perfil de la empresa influyen en que la alfa resulte positiva o negativa. En el fondo, la alfa señala si el mercado considera que los resultados de la compañía y su acción se apartan del promedio.
Estos son los valores que puede tomar el indicador:
- ALFA = 0 = Situación de equilibrio, en la que el rendimiento de la acción coincide con lo esperado.
- ALFA > 0 al alza = El mercado incorpora expectativas de rendimientos por encima del promedio.
- ALFA > 0 a la baja = Posible retroceso de esos rendimientos por encima del promedio.
- ALFA < 0 a la baja = Se descuentan rendimientos por debajo del promedio.
- ALFA < 0 al alza = Cambio favorable de expectativas, con efecto sobre el precio del papel.
Cómo se calculan alfa y beta
Los dos indicadores salen del mismo modelo: comparan el rendimiento de la acción con el del mercado en su conjunto.
Beta
β = covarianza (rendimiento de la acción, rendimiento del mercado) ÷ varianza (rendimiento del mercado)
Mide con qué fuerza la acción copia el movimiento del mercado. Una beta de 1,3 significa que, cuando el índice subió un uno por ciento, la acción subió históricamente alrededor de 1,3 por ciento, y que cayó en la misma proporción.
Alfa
α = rendimiento real − (tasa libre de riesgo + β × prima de mercado)
Es el resto que no explican ni el movimiento del mercado ni el riesgo asumido. Una alfa positiva significa que la acción rindió más de lo que correspondía a su beta.
Ambos números se calculan a partir del historial, por lo general con cinco años de datos mensuales. Describen entonces cómo se comportó la acción, no cómo se va a comportar.
Dónde encontrar estos números
La beta aparece en la página de resumen de la acción en la mayoría de los portales financieros, casi siempre con una nota sobre el período del que sale, que suele ser “5Y Monthly”, esto es, cinco años de datos mensuales. La alfa se publica con menos frecuencia, porque depende de la tasa libre de riesgo elegida y del índice que se tome como referencia del mercado.
Conviene tener presente que los valores difieren entre fuentes. Períodos distintos, índices de referencia distintos y frecuencias de datos distintas dan números distintos para la misma acción. Antes de comparar dos empresas vale la pena revisar que los datos vengan de la misma fuente y del mismo período.
Qué no dicen la alfa y la beta
La beta no dice nada sobre la calidad de la empresa. Una beta baja significa apenas que la acción se mueve menos que el mercado, y detrás de eso puede haber tanto una compañía estable como un papel con poco volumen de negociación.
Una alfa positiva del pasado no se traslada al futuro. En acciones individuales suele ser producto de un hecho concreto que no se va a repetir, y después de descontar comisiones muchas veces no queda nada de ella.
Ninguno de los dos indicadores contempla que la empresa cambie de fondo. Tras una adquisición, un giro de rubro o un aumento fuerte de la deuda, la beta calculada con cinco años de historia describe a una compañía que ya no existe.
Alfa y beta son indicadores útiles para entender cómo reacciona una acción a los movimientos del mercado y qué riesgo carga frente al conjunto, siempre con la advertencia de que ambos miran hacia atrás.